Ciudad de México a 22de agosto de 2016. Un análisis de la Fundación InterAmericana del Corazón México (FIC México) señala que persiste la gran disparidad entre los presupuestos destinados a las instituciones que previenen y atienden los problemas del consumo de drogas, con los que manejan las áreas de seguridad del país. “Esto muestra la insensibilidad de quienes deciden los destinos de nuestras finanzas y la carencia de una visión estratégica para afrontar el complejo problema de las sustancias adictivas, pues mientras haya quien compre drogas, habrá quien las venda”, indicó el Mtro. Erick Antonio Ochoa, Director de Políticas Públicas de la FIC México.

Agregó que de acuerdo con el último ajuste al Presupuesto de Egresos de la Federación, el presupuesto autorizado para el Centro Nacional para la Prevención y el Control de las Adicciones (CENADIC) se redujo 13% entre 2015 y 2016, mientras que el de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CNA) se redujo 11% en el mismo periodo. Por otro lado, el monto asignado a los Centros de Integración Juvenil (CIJ) se incrementó 17%, aunque había registrado una disminución del 8.9% de 2014 a 2015.

“Al contrastar los montos entregados a las dependencias que atienden las adicciones con los de las instituciones de seguridad nacional, como la Policía Federal (PF) y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) observamos un desbalance presupuestal que atiende de manera muy preferente el control de la oferta de las drogas (delincuencia organizada, violencia, comercio ilícito, etc.). La reducción de la demanda de drogas (prevención del consumo, regulación, investigación, y tratamiento oportuno y rehabilitación) queda en segundo plano” dijo el Director de Políticas de la FIC México.

“Si juntamos los presupuestos de CENADIC, CNA y CIJ, para 2016, veremos que no llegan ni a los mil quinientos millones de pesos, sin embargo, la suma de lo asignado para este mismo año, a la PF y al CISEN nos da más de 29 mil millones de pesos, 19.5 veces más que lo asignado a las instituciones que atienden las adicciones. Estas comparaciones ratifican claramente el manejo insensible del dinero por parte del gobierno federal, sin visión de largo plazo en un tema tan delicado como el uso de drogas lícitas e ilícitas. Confirmamos que las decisiones que se toman actualmente son reactivas ante las realidades inmediatas que plantean la delincuencia organizada y la violencia” añadió Erick Antonio.

Por su parte, Juan Núñez Guadarrama, Coordinador de la Alianza Nacional para el Control del Tabaco (ALIENTO) enfatizó la necesidad de reforzar la prevención del consumo de sustancias adictivas y de los procesos adictivos que afectan a muchos de los consumidores, para lo cual se requieren recursos contantes y sonantes, no palabras ni buenas intenciones en los discursos. Llamó la atención sobre los mitos de la prevención, término muy utilizado por políticos y servidores públicos, pero que en los hechos de las asignaciones presupuestales reciben montos insuficientes a todas luces.

La prevención es una tarea integral, que requiere de profesionales, técnicos y voluntarios con preparación previa, conocimientos y habilidades específicos; también demanda la dotación de materiales para elaborar y emitir mensajes preventivos, de tiempos en medios de comunicación y muchos recursos más que permiten llegar a las poblaciones en mayor estado de vulnerabilidad (niños y jóvenes de todos los estratos sociales, menores infractores, desertores escolares, menores sin estudio ni trabajo, principalmente).

Núñez también sostuvo que “la prevención requiere de programas permanentes de largo aliento, diseñados, operados y evaluados por especialistas y por integrantes de las comunidades objetivo, no de campañas temporaleras, sin ton ni son, que carecen de continuidad y no corresponden a programa preventivo alguno. Requerimos programas de prevención con campañas ancladas a ellos  y dirigidas a propósitos definidos, y para ello se necesitan recursos suficientes”.

“No olvidemos que el tabaquismo y el consumo nocivo de bebidas alcohólicas son dos de los cuatro principales factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles, en México y en el mundo”, agregó.